Hoy al salir a correr por la mañana, descubrí que tengo el don de ver las cosas más bellas de lo que son, que quizás no me importe mucho ver lo malo sino concentrarme en lo bueno, pero no me había dado cuenta hasta hoy, todo paso en el deportivo cerca de mi casa, ha de tener más de treinta años, pero hace poco que regresé y decidí continuar con mi rutina recién adquirida de correr media hora por las mañanas, el lugar no es lindo, sólo que ha mejorado con los años, adaptaron una pista con grava para los que gusten de caminar o ir más rápido y abrieron una alberca pública, techada y con agua caliente.

Sin embargo eso no fue lo que me hizo hacer un alto, es decir, el deportivo se encuentra al lado de un centro de reclusión de máxima seguridad, eso dará una idea de que la zona en vez de tener muchos colores más bien es gris, medio gris para ser exacta, pues está debajo de una sierra montañosa y eso por otro lado permite tener hermosas vistas del cielo y del verde de los cerros. 

En fin, para no hacer el cuento largo, me percaté de dos cadáveres: una rata y un perro, a no más de cien metros uno del otro, olían asqueroso, pero aún así pasaba por ahí, recordé las palabras de mi terapeuta: "Le pones moño a la mierda"  y paré. Claro, le pongo moño a la mierda porque en el lugar donde crecí ver estas cosas, la peste, los chicos desvistiéndome con la mirada, las esquinas llenas de basura, los perros callejeros, las reuniones llenas de chismes, el escaso sentido común y la falta de personas felices, hacían de la abstracción mi mejor compañera, pero no por ser insensible, sino  todo lo contrario, es decir, jamás dejé de ver lo malo, pero estaba tan cercano y lejano a mí ( y de muchos que seguro viven así) que me acostumbré  a ello y  a ver lo que yo quería ver ( y sí, también a vivir con el drama que a veces siento que en verdad me pertenece.) Me acostumbré a tolerar demasiado la mierda,  o vivir de cerca y lejos entre ella.  Porque pocos  se atreven a decir ¡Basta! esto es mío y lo cambiaré, merezco algo mejor, muchos a veces nos conformamos con muy poco, otros también queremos algo más. 

Ese descubrimiento matutino de hoy, solo me hizo sentir que esas cosas también merecen ser contadas, no vivo en el paraíso, pero hago lo máximo que puedo para darle una sonrisa a quien corre por el mismo camino que yo, saludarlos y sentirlos. No, no vivo en el paraíso, vivo en una zona al norte de la Ciudad de México que merece más de lo que tiene y tiene lo que tiene porque ha luchado por mejorar. Entonces, ahí viene todo el sentido, sí hay que contar que se vive entre basura, ruido, animales sin hogar y problemas humanos. Pero también y por eso mismo: un saludo, una sonrisa y ser parte del mejoramiento, eso es más y no basta con decir y hacer parecer que todo está bien, sin conformarse con sobras, las mismas que hace generaciones nos dijeron que teníamos que recoger. Sí, se puede vivir mejor y bien. 


Claridad.

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