Lejos del bullicio y de la falsa sociedad

Pasamos diez días en México y siento que no fueron sufcientes, no me alcanzaron para abrazar a todas las personas que desearía abrazar, ni para tener las conversaciones que hubiera querido tener, tampoco me alcanzó el tiempo para caminar y visitar todos los lugares que deseaba, sin embargo me fue suficiente con ver a mis papás y a mi hermano, para bailar cumbia con mi primo, cantar con mi familia, reírnos, despertar en la misma casa, leer un libro con Sofía y verla andar en su bici haciendo intrepidas piruetas a sus seis años, me bastó para comer los ¨perrubiós¨que prepara mi hermano. Ir al Toks que nos gusta a todos, tener una cena con amigos entrañables y visitar la Cineteca, sobre todo me dio tiempo para que J. conociera a mi familia con más calma y que ellos conocieran al hombre al que amo.

Finalmente, después de cuatro años, pasamos una semana juntos en la Casa de Campo al norte del ex D.F., el lugar más bello de toda la ciudad, donde todo transcurre en paz lejos del bullicio y de la falsa sociedad, como lo dice bien José Alfredo Jimenez. Al contrario de todos mis pensamientos catastróficos, todo fue perfecto, lo cual atribuyo completamente al amor inconidicional que mi familia, J. y yo tenemos entre sí. 

No quiero decir que tener una familia bicultural sea de lo más fácil, pero es posible cuando el amor es el lenguaje que se maneja al mismo nivel (Aunque la mayoría del tiempo me tocaba ser la interprete y mi cerebro se canso poquis.) Hay choques culturales necesarios para construir un nuevo sentido común, hay malos entendidos que nos ayudan a mejorar la comunicación y sobre todo la posibilidad de aprender algo nuevo del otro cada día.

Para mí, esta semana ha sido de las más importantes en todos estos años, la vida tan sabia como siempre solo me reafirmo día a día cuan privilegiada soy de pertenecer a la familia que tengo y de qué acertado fue mi corazón al elegir a J. como mi esposo. Aunque  estando lejos es fácil perfer el foco de lo mucho que uno es amada, la vida siempre me da una ayudadita.

Lo que también me queda claro es que esta familia ha aprendido con el tiempo a amarse y que no necesita de estar junta todo el tiempo para demostrarlo. La distancia puede hacer el amor más fuerte y los momentos más entrañables. Aunque cada despedida me haga llorar y los viajes en avión aún no sean mis amigos, esta vida vale la pena.

Gracias México por tanta reafirmación.


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